10/7/12

El Origen del Libro


“Es absurdo suponer que un volumen sea mucho más que un volumen. Empieza a existir cuando un lector lo abre” afirma Borges. Está hablando de los libros. Me gusta pensar los libros como los pensó Jorge Luis: no como un objeto en sí, sino como el producto de un diálogo entre el texto y el lector. Los libros, por sí mismos, aislados de nuestras manos, cosificados, parecen no existir: existen sólo cuando nuestros ojos recorren las letras impresas en sus páginas, o al menos eso plantea Borges. Estoy de acuerdo.

Hace un tiempo vi El Origen, una de las últimas películas que protagonizó Leonardo DiCaprio (de quien soy una eterna fanática, obviamente, desde que hizo de Jack Dawson en Titanic). En El Origen se plantea, entre muchas otras cosas, la cuestión del poder de creación de la mente en los sueños, se expone cómo, cuando soñamos, percibimos un mundo imaginario a medida de que lo vamos creando. Se me ocurre relacionarlo con los libros. Por supuesto, su director, Christopher Nolan, es lector de Borges.

Pareciera que los libros nos dan la posibilidad de soñar despiertos, de crear un mundo a partir de un conjunto de letras. En los volúmenes, como diría Borges, sólo las palabras están dadas, lo demás a está sujeto a nuestra voluntad, al poder de creación de nuestra mente, a nuestra imaginación. El escritor nos guía, construye una red de pensamientos, pero nosotros elegimos el camino; un mismo libro genera entonces, tantos mundos como lectores tenga.

He escuchado que leer estimula la imaginación, quizás por esto sea importante el hábito de la lectura, porque a partir de ella Creamos. Creamos colores de pelo que no existen, narices para distintos perfiles, voces suaves, gruesas, dulces, aterradoras; creamos los ladrillos de las casas, las ventanas, los objetos que habitan en ella (y, si el escritor lo dispone, incluso los jarrones y las flores); creamos no sólo los personajes, sino las relaciones entre ellos, los vínculos que los unen, las diferencias que los separan, la extensión de sus besos y la forma de sus lágrimas.

Por eso estoy de acuerdo con Borges, porque los libros sin nosotros son palabras vacías, porque necesitan de nuestra mente para dar sentido a sus historias, porque somos nosotros, los lectores, quienes dan significado a la vida de miles de personajes fantásticos. Por eso, porque nuestros ojos nos otorgan la posibilidad de inventar historias mientras soñamos despiertos, leamos. Leamos porque los libros son pacientes en un mundo en el que nadie espera nada, porque las palabras no se cansan, porque las palabras esperan, inmóviles, a que tomemos un respiro de nuestra vida ajetreada y volvamos a ellas, para reanudar una historia que permanece congelada en aquella oración donde la habíamos dejado.
Abramos entonces los libros, pasemos las páginas, y sumerjámonos en un mundo que existe para, por, y gracias a nosotros.






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